La noche no incitaba a salir, estaba fea y lloviznaba. Seguramente algún resumen del mundial tentaba más que empilcharse (aunque sea un toque), esperar el bondi (en algunos casos) y llegar al lugar de encuentro. Más, cuando el día anterior había debutado Argentina en el mundial con un triunfo. De todas maneras fuimos 8 los que le hicimos el aguante a “La Coruña”. Hubo que pasar sobresaltos para garantizar el encuentro ya que la convocatoria venía de capa caída y había ausencias extrañas (Jose, Sol y Ricky?). Pero gracias al voluntarismo de Seba y la sorpresa de Santi, pudimos llegar a los (memo) ochoa y redondear una linda jornada.
El bodegón, estaba en sintonía con el clima exterior. Era un lugar triste, sin música y atendido por dos señoras mayores con mucha onda. Tenía esas mesas largas, PJteadas (Majo, vos que no encontrabas tu cartera… quedó pegada en la mesa), de comedor, que a mi entender, jerarquizaba su ambientación. No tenía una carta tradicional, tipo librito, sino que la misma se exhibía en dos pizarrones colgados en la pared del lugar.
Para comenzar algunos pedimos empanadas de carne, sólo los primeros en llegar. Esta vez no hubo las tradicionales entradas que hemos pedidos en otros encuentros (rabas, antipasto, tortillas). La carta fuerte del lugar era la milanesa a caballo con papas fritas y eso fue lo que pedimos la mayoría aunque no nos dimos cuenta que “milanesa a caballo” no incluía las papas, de manera que hubo menos papas que milanesas, las cuales compartimos entre todos. Majo pidió una excelente (según su apreciación) suprema de pollo con fritas. Costillitas de cerdo pidió Santi y Puchero encargó Slipak. Muy rico aunque escueto de sal y verduras. Para beber pedimos vino, no hubo jarra de metal ni pingüino, sino unos tubos de Vasco Viejo. Tremenda fue la espera hasta que nos trajeran la comida. De todas formas pudimos soportarla charlando entre amigos. De postre pedimos flan y queso y dulce (de batata) que liquidamos entre todos.
Párrafo aparte para las dos chicas que vinieron a sombrerear tocándonos música folclórica. Menta y Peperina se llamaba el dúo.
El dato de color fue el borrachín que estaba sentado sólo (obvio) a unas mesas nuestras que hacía gala de su estado de ebriedad y cantaba, alegremente, que le dejemos propina para que la moza se bañe… un caradura el tipo… si alguien debía ducharse en ese lugar, justamente era él!!!
Asistieron: Majo, Anita, Ari S, Ari B, Seba, Norbi, Santi y Rubén
viernes, 9 de julio de 2010
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