Concurrencia: 11 personas
Horario: salvo honrosas excepciones, 21:30.
No sé si soy el indicado para escribir estas líneas, pero la historia me puso en este lugar y trataré de responder aplicadamente. Digo no ser el indicado por pertenecer a esas honrosas excepciones (dado que hablamos de seres honrados) que arribaron a El Puentecito cerca de las 11 de la noche. Es decir, me perdí una parte. Sin embargo, como no fue la esencial, me habilita a tipear letra tras letra en pos de construir un texto medianamente piola para los lectores (integrantes del recorrido y externos).
Vamos a intentar ir al grano (sin apretarlo): el objetivo del recorrido es, con la excusa de la amistad, ir yirando por 10 bodegones porteños previamente elegidos (una selección del libro de Pietro Sorba), asignarles puntuaciones en seis categorías ya definidas y consagrar lo que decidimos intitular, al final del camino, “El Bodegón Porteño” (aunque cruzaremos la General Paz en un par de ocasiones).
Ni bien arribeños junto a Beto y Lau, y tras soportar el repudio generalizado (esta vez Eugenio Zaffaroni para quien escribe, en cuanto a responsabilidad de la demora), se encargaron los platos. Ya había desplegados un par de Carcassone’s sobre la mesa, la panera correspondiente y unas rabas (ya quedaban muy poquitas) que se habían encargado para calificar la entrada. El plato principal consistió en unas costillitas de cerdo a la riojana, mientras que hubo diversos platos a compartir entre los diferentes integrantes (los especifico más allá de la rotation general): solomillo de cerdo entre Ricky y Rubén, canelones de carne y verdura entre Majo y Anita, gigante tira de asado con papas entre Beto y Lau, tortilla de Papa entre Laurita y Sol y milanga napolitana para Slipak y el cronista. Me está faltando Jose, que encargó el principal y se encargó, también, de degustar mayoritariamente este plato (no se lo está tildando de egoísta por eso, nada más lejos de la realidad).
Previo al movimiento incesante de cuchillos y tenedores en el circuito plato o bandeja yendo hacia boca, Majo procedió a la lectura en voz alta del volante que nos entregó Martín (Tincho, para los amigos), el mozo que nos atendió muy amablemente a lo largo de la velada. El mismo (hablo del volante) refería a la historia de “El Puentecito” que fue fundado en el año 1873, a pocos metros de lo que hoy es el viejo Puente Pueyrredon (en ese entonces, puente de Cálvez). Brindis generalizado, loas a Independiente por el ingreso a la Sudamericana y no tardaron mucho en venir los platos, iniciándose de esta manera la degustación de lo que luego calificaríamos. A posteriori, junto a Sol (fotógrafa oficial en esos instantes, en reemplazo del histórico Andreu) y Ari, fuimos a recorrer un poco el lugar (guiados por Tincho y luego por el dueño), empapándonos un poco más de su historia y además apreciando su fabulosa cocina y la calidad de conservación de sus productos.
Algún que otro intercambio de lugares y mientras salía otro Carcassone más para los fanáticos, había llegado la hora de los postres: flan con dulce de leche y crema, panqueques al rhum y el famoso queso y dulce (o fresco y batata), todos para compartir entre todos. Carioca de postres, en lenguaje coloquial. Cada vez faltaba menos para el instante supremo de la calificación individual que, luego, desemboca en un puntaje grupal para el bodegón en cuestión. El último paso fue el pedido de la cuenta que iba a tener amplia repercusión en el ítem correspondiente. Bien salada la misma. Beto repartió las papeletas y como no había suficientes, hoja en blanco y lapiceras activas para armar los cuadritos. Concentración, numerología silenciosa y entrega de cada uno de los votos al cronista quien, en breves instantes, procedería a la lectura de los mismos, ítem a ítem en pos de obtener el promedio calculado (personal y general) por el celular de Ari. Pese al insólito boicot de Majo y Rubinho con puntajes bajísimos (¿supongo que más adelante se van a arrepentir, no?) y quizás el delirio de algunos al calificar tan alto (rozando o colocando un desbocado 4 global), “El Puentecito” mereció un tricota (3,01 para ser exactos) que lo transforma en muy bueno. Aplausos, doloroso garpe de cuenta (el ítem precio/abundancia fue bien bajito, más allá de reconocer que los platos eran grandes), saludos a Martín y abrigada retirada debido al frío imperante puertas afuera. Mini-turismo gringo a la 1 de la matina, el 12 al que nadie se sube, Majo a su auto y el resto de la banda colma la chata de Norbi para despedirse, calurosamente, hasta el próximo bodegón.

Qué lástima faltar a semejante inauguración de este segundo recorrido... pero bueh. Ya nos veremos en el próximo bodegón!
ResponderEliminarVermú con papas fritas, gente!
altísimo relato el de sebas que a pesar de que LLEGO TARRRRDE estuvo atento a los detalles!esperamos fotos y estadísticas entonces, espero que no esten para el bodegón diez mas o menos! reclamo reclamoooooo, saludos!
ResponderEliminar